martes 6 de septiembre de 2011

Gotas de Sal


Yo creo que la sal es lo más importante, todos sabemos a sal. Esta semana comenzó con lagrimas y no ha terminado, las mujeres, es cierto lloramos más pero tenemos cargas que a veces no tienen ninguna otra manera de ser afrontadas. 

Decía yo que esta semana me encuentro con que todas lloran (esta vez me incluyo) unas lloran por que están cansadas y el mundo no se detiene, otras por frustración, las más solo para exorcizar los recuerdos. todas por que es un ritual necesario para los finales y los principios.

Veía yo esté fin de semana a  una cantante en un video que llora mientras va en un taxi; no se hincha, ni parece sapo, las lagrimas escurren elegantemente por sus mejillas. Yo, yo soy un desastre, hace ya unos meses me encontré (otra vez) con alguien a quien quiero mucho y que sin embargo había que exorcizar, el resultado: tenía rimel hasta el cuello y parecía el nuevo integrante de KISS. 

Creo que los hombres huyen de las mujeres que lloramos por que a parte de no saber que hacer con una, parecemos más la gorgona que una damisela en desgracia.  

Hay un cuento de Cortázar que se llama "Instrucciones para llorar" me parecen siempre atinadas y cuando ni Bridget Jones, ni una botella de tequila, ni un recuerdo atravesado en el pecho me dejan llorar vuelvo a estas instrucciones:


Instrucciones para llorar. 
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará  con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Al fin del día todas somos las ruinas que construimos, donde nuestra propia sal consume los bordes, nos desgasta, nos consume, y solo nos queda llorar hasta que ya no podamos más.

PD Ustedes las que lloran esta semana ya saben quienes son, ya ni les digo que no lloren, si quieren lloramos juntas, las quiero a todas.

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